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La elección de Santa Fe

El Partido Socialista Popular

Viví durante 10 años en Rosario, provincia de Santa Fe. La ciudad, gobernada por el Partido Socialista Popular (PSP). Caballero y Binner. No llegué hasta la era Lifschitz.
El PSP, era un pequeño partido a nivel nacional, pero muy poderoso en Santa Fe, y su bastión histórico, era y sigue siendo, Rosario. La ley de lemas impulsada por el peronismo fue clave para escamotearle mayores participaciones a nivel provincial y junto con el Partido Radical, fueron quitados del camino a la gobernación por el Partido Justicialista, quien impuso gobernadores escasamente votados, como Obeid.

La principal característica del PSP, fue su modelo de organización, el cual pudieron mantener, no sin disputas, aun manejando el poder en la ciudad. Trabajadores, consecuentes, con sólidos principios pero pragmáticos a la hora de hacer política, y con una gestión que superaba la mediocridad conocida. Tuvo episodios memorables como la pelea con Caballero, en esa época intendente, quien comenzó a utilizar prácticas políticas menemistas y fue separado del partido (aunque se mantuvo como intendente hasta el final de su mandato). El PSP se fue del gobierno y dejó poder, la siguiente elección regresó de la mano de Binner.

Binner no es simpático ni cálido, pero parece que es buen tipo. Es médico. Conocí a tres de sus hijos en la facultad de medicina. Yo ayudaba a mis compañeros de militancia de la Franja Morada Medicina. Los Binner eran muy buenos estudiantes y también buenos militantes. Tampoco eran simpáticos ni calidos, pero parecían buenas personas. Como casi todos los militantes del PSP, su racionalidad era matemática, posiblemente legado de las generaciones de militantes de Ingeniería. La salud pública y la cultura han sido los caballitos de batalla para éste partido político.

El domingo pasado, la ciudadanía de Santa Fe los apoyó para que gobiernen una de las provincias mas ricas, poderosas y con mas habitantes de Argentina. Lograron también liderar una coalición política integrada por sectores mayoritarios del radicalismo, el ARI y grupos de izquierda.

La importancia de este acontecimiento político

Además de alegrarme el triunfo de Binner (muchos amigos entrañables se la han jugado en la coalición), pienso que es uno de los datos mas relevantes en el escenario político posterior a la debacle del 2001.
Cuando el sistema político argentino colapsó, el peronismo ocupo todo el espacio posible con una habilidad indescriptible.

La UCR implosionó por sus propias contradicciones internas, su ambigüedad frente a la realidad y sus dificultades éticas. De los pedazos de la UCR, no quedó ninguno con real capacidad de mayorías y ánimo de construir frente al peronismo. Además dudo que el pueblo argentino vuelva a confiar un gobierno nacional al radicalismo.

La centroderecha de Macri y López Murphy, son un incipiente polo de atracción política, que ha congregado a muchos peronistas no Kirchneristas junto a la derecha histórica. Tampoco traen novedades.

El ARI de Carrió, aun no logra superar su propios límites, y no ha podido solidificar sus cimientos políticos ni proyectar algun liderazgo distinto del de su fundadora. El insignificante peso electoral y el aislamiento de la provincia de Tierra del Fuego, hace imposible pensar en su flamante gobernadora ARI (ex PSP de Rosario!) fortaleciendo un liderazgo nacional.

En este escenario, si uno puede imaginar gobiernos peronistas hasta el fin de los tiempos. Inteligentemente Kirchner ha cooptado y extorsionado a sectores hambrientos del radicalismo, tiene hipnotizada a cierta izquierda que le compra el discurso de los derechos humanos y elabora sus teorías en torno a la contradicción pueblo-antipueblo, y naturalmente el peronismo: esta casi todo con él. Dentro del peronismo, el poder K tampoco tiene rivales de categoría presidencial.

Por todo esto, el triunfo en una provincia como Santa Fe, del Partido Socialista Popular, podría dar inicio una articulación opositora que para el final del inexorable gobierno de Cristina Fernández, esté al menos en condiciones de levantar la voz y facilitar, como una de sus bases sólidas, la emergencia de una nueva estructura de partidos políticos en la Argentina.

Si Kirchner tiene éxito en su intento de destruir el partido justicialista para convertirlo en un nuevo partido integrado por el histórico peronismo y sus nuevos aliados (UCR hambrienta e Izquierda); la Centroderecha se articularía en torno a la figura y la gestión de Macri en Buenos Aires.

El resto del espectro político podría revivir en torno a Binner, con Carrió y la UCR que no baja las banderas, detrás. Sería el histórico espacio de centro no peronista y centroizquierda.

Por ahora, tendrán que consolidar el Frente Progresista Civico y Social en Santa Fe, dotarlo de organicidad y promover su estructuración en el largo plazo; tendrán también que hacer una buena gestión provincial evitando los ahogos financieros del gobierno nacional y soportando el retorno a las barricadas opositoras del peronismo santafesino. Ya vendrá el tiempo para articular algo a nivel nacional.

mi hermana brenda…..

Universitario
Querríamos tanto a Glenda
Nuestro columnista retorna por sus fueros y relanza su zaga de Galería de Notables de Unecelandia. Pozzo ha meditado serenamente y cree que le llegó nomás el turno a la múltiple Glenda Ousting: graduada estrella, militante exitosa y, por méritos propios, ya en los primeros pasos de la carrera judicial.

Jorge O. Pozzo


Retornamos a nuestra Galería de Notables de Unecelandia, y lo hacemos incorporando a una figura resueltamente juvenil, que ha ganado por derecho propio un lugar privilegiado en la selecta élite de grandes del reino: la de Glenda Ousting. Seguramente por inspiración de cierto cuento de Cortázar –leído por obligación en épocas en que los adolescentes todavía hacían algún caso de profesoras de literatura invariablemente tilingas– en el inconsciente del cronista se había ido configurando una serie de semejanzas entre esta Glenda y la otra, la Glenda Carson (Jackson) del cuento y entre los motivos de los vehementes admiradores de ésta y la de los potenciales adeptos de la más cercana y autóctona Ousting.

Aunque alejada totalmente de protagonismos en el séptimo arte, nuestra Glenda ha descollado en el ámbito de los ciudadanos-estudiantes no sólo de su provincia, la de Vélez Sársfield, sino en el escenario mayor de Unecelandia, en el que ha conocido considerables triunfos y alguna que otra derrota. En primer lugar, los registros académicos del desempeño de Glenda son totalmente excepcionales: altísimo promedio y finalización de sus estudios en el tiempo estrictamente reglamentario. Esto, que posiblemente sea también el logro de otros jóvenes, en su caso resulta doblemente meritorio, pues como es sabido Glenda repartió siempre su tiempo entre el estudio y la militancia política en la llamada Juventud Morada, del que es hoy por hoy la referente más conocida en Unecelandia.

Hay que decir que no todas fueron rosas en el accionar político de nuestra Glenda. Aunque nacida evidentemente para triunfar, debió sin embargo sufrir alguno que otro revés, como el acaecido a fines de 2005. En ese entonces anhelaba Glenda culminar su carrera política accediendo a la presidencia de la Federación Unecelandesa de la Juventud (FUJ), que hasta ese momento detentaba otro dirigente de la Juventud Morada, que mediante artilugios varios había conseguido mantenerse allí mucho más tiempo de lo permitido por los estatutos de la propia FUJ. Cuando se hizo inviable postergar por más tiempo la renovación de autoridades, se convocó a un congreso normalizador de delegados juveniles de toda Unecelandia. Estos delegados, como sabrá el lector, adscriben a distintos grupos, entre los que se cuentan la propia Juventud Morada, el Himenerre –llamado así por estar integrado sólo por vestales de la ética que pregona Sir Barracuda (o Sir Galpone)–, la Juntura –que responde a la jefatura del ahora Príncipe Consorte Tamarindo– la pragmática Giga-Alianza, liderada por un plantígrado conocido como el Oso O’Ghea (Brutus Galenicus, L.) y un variopinto conjunto de grupos menores de izquierda.

Técnicamente, el grupo de Glenda, es decir la Juventud Morada, constituía la primera mayoría de ese congreso, aunque sólo por el exiguo margen de dos delegados (sobre más de trescientos), seguidos por la Giga-Alianza de O’Ghea. Al parecer, hubo acuerdo previo para que los Morados se alzaran con la presidencia y la Giga-Alianza con el siguiente cargo en importancia. Parece ser que entre gallos y medias noches los Morados maniobraron para marginar a las huestes de O’Ghea, lo que provocó las iras del irritable plantígrado, conocido por sus poquísimas pulgas y su afición a resolver disputas recurriendo antes a los puños que a la dialéctica. En resumidas cuentas, O’Ghea terminó ordenando a sus huestes votar para presidente a Pochito Butón, de La Juntura, haciendo añicos las aspiraciones de Glenda. Pese a su pureza revolucionaria, en ningún momento se vio a los jóvenes junturistas rechazar el aporte del pugilista O’Ghea, siguiendo en la ocasión el adagio latino ‘pecunia non olet’, adaptado ahora a su versión ‘los votos no tienen olor’. Principio que después aplicaría la actual soberana de Unecelandia para llegar al trono al frente de un ecléctico rejunte. La nominación de Pochito no pudo consumarse porque el presidente morado en ejercicio desapareció con el libro de actas del congreso, lo que impidió formalizar la voluntad popular, y dejó a Pochito apenas el paradojal consuelo de escuchar como los desaforados partidarios del plantígrado berreaban “Butón, Butón, qué grande sos”, con melodía de una popularísima marcha política.

Aunque visiblemente apenada, hay que reconocer que Glenda mantuvo algo de la flema propia de su ascendencia británica, a diferencia de otras militantes moradas que, dejando de lado la delicadeza atribuible a la condición femenina, propinaron al perverso oso una retahíla de insultos calculada más para la tribuna barrabrava que para el paraninfo académico. Un año más tarde, vueltas las mayorías a su quicio, recompuestas las alianzas y algo disminuidas las huestes del irascible O’Ghea, pudo finalmente Glenda cumplir su sueño de convertirse en presidenta de la FUJ.

Perdonará el lector una breve digresión, que hacemos al solo efecto de constatar con tristeza cuánto se parecen, en su volatilidad y pragmatismo, las mudables alianzas de estos juveniles grupos a las de la “sucia politiquería” que ellos critican en los adultos. Hoy por hoy, los jóvenes morados actúan aliados a sus antiguos rivales, La Juntura y el Himenerre, y entre todos gozan de las mieles del reinado de Karolyn I, a la que ayudaron a entronizar. Aparentemente, mientras haya puestos de lucha para ocupar, no surgirán conflictos entre ellos. Los problemas comenzarán, tal vez, cuando se agoten esos puestos o cuando surjan peleas por la distribución de la torta entre los adultos a los que responden. El tiempo lo dirá. Una cosa es clara: esta juventud constituye la “reserva moral” de la política de Unecelandia y reinos vecinos: garantiza que la actual moral se perpetuará en el tiempo.

Volvamos a nuestra heroína, quien supo también representar a la juventud unecelandesa en el Supremo Consejo, conocido como la Herradura. Al obtener su título académico en Unecelandia, y debido a su excepcional promedio, tuvo Glenda derecho a optar por un puesto de trabajo en las cortes de justicia del vecino reino Cordubensis, establecido como premio para tales casos.

Al menos Glenda no será una carga para el tesoro real de Unecelandia, lo que también la hace sideralmente diferente de sus conmilitones.

Sin embargo, no deja de inquietar a sus admiradores una especie de inconsecuencia en la personalidad de Glenda, un perceptible desajuste entre lo que podríamos llamar sus potencialidades y algunas de las posiciones que asume en público. En declaraciones periodísticas Glenda se ha manifestado en duros términos acerca del nuevo sistema de estudios imperante en la provincia de Vélez Sársfield, lo que no deja de ser paradójico en alguien que ha cumplimentado tan bien las exigencias de dicho sistema y a la vez dedicado tiempo a la política juvenil del reino. Según Glenda, el nuevo plan es “elitista” y sólo permite estudiar a los jóvenes de familias acomodadas, dado lo exagerado de sus exigencias. El soberano de esa provincia ha hecho gala de estadísticas que parecen demostrar lo contrario, o al menos que con el nuevo sistema hay un porcentaje de graduados muy superior al correspondiente al plan anterior. ¿No estará Glenda denostando al sistema sólo para captar votos de los menos propensos al estudio? Tan luego ella, que es un ejemplo de lo contrario. ¿Será lo que le exige su grupo político, como una forma de pedir disculpas por sus excepcionales condiciones y logros? Aunque probablemente esto nunca se aclare, una cosa es segura: tanto para la Glenda del cuento de Cortázar como para la nuestra, no es posible reunir perfecciones que contenten a todo el mundo.

Querríamos tanto a Glenda si por fin todos los dirigentes juveniles de Unecelandia fueran como ella en lo académico, y además no se avergonzaran de serlo. Querríamos tanto a Glenda si hubiera muchas más Glendas y sus contrapartes masculinos. Querríamos tanto a Glenda si no se pareciera tanto a tantos políticos de carrera. En fin, que querríamos tanto a Glenda si fuera simplemente todo lo que Glenda puede ser.

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El paro y movilización convocados hoy por la CUT tuvieron un efecto muy limitado en el sector productivo y de servicios. Tuvo un cierto efecto en la educación, con varias universidades cerradas y el 15% de los colegios.

Fue visible en la administración pública y sirvió de excusa para que muchisimos trabajadores se marcharan a sus hogares cerca de las 16 hs. argumentando “los problemas del paro”, que ya se habian terminado hacia las 13hs.

El paro fue una movida política de la CUT. Ante la emergencia de nuevos liderazgos en las negociaciones del cobre, de grupos sindicales muy combativos y decididos, con una demostrada capacidad negociadora, la CUT no podía menos que pedir un aumento del salario mínimo.

Convengamos que además del salario mínimo, también hay varios argumentos para que la gente se movilice genuinamente por sus derechos.

No voy a hacer una crítica a la dirigencia burocratizada de las magras organizaciones sindicales. Quiero intentar desentrañar el misterio detrás de la ambiguedad del gobierno de Bachelet, que tuvo desde el ministro Viera Gallo (e Insulza) apoyando el paro, hasta la Intendenta Del Piano y el ministro del interior Velasco hablando de la violencia que se iba a generar y los daños que alguien deberá pagar. Sin mencionar al Partido Socialista y el PPD que se comportaron como verdaderos soportes de la CUT apoyando publica e institucionalmente la jornada de lucha. Los diputados y senadores díscolos, estaban en su agosto, recibiendo palos y teniendo la posibilidad de victimizarse legitimamente.

Pato Navia, en una columna que reproduzco debajo, sostiene que esta contradicción es insostenible, y que los altos funcionarios y los partidos de la concertación deben apoyar las políticas públicas y el sesgo ideológico del gobierno.

Yo también creo que seria honesto de parte de la concertación mantener una minima consecuencia entre el discurso y la práctica.

Sin embargo, creo que el “apoyo” brindado por parte del gobierno y el PS-PPD a la dirigencia de la CUT reconoce un trasfondo mas alambicado de lo que aparece como una mera (y van…) contradicción. Se trata de dirimir quién cumple con el rol del sindicalismo opositor al modelo. Si este espacio no puede ser ocupado por la CUT y sus burocratizados y dóciles dirigentes, naturalmente será liderado por alguno de los nuevos dirigentes que han emergido de los conflictos con las cupriferas, por ejemplo, Cuevas.
Si el gobierno (o al menos una parte visible y publica) no apoya a la CUT, ésta se enfrenta a dos escenarios: el primero es tener que radicalizarse para quedar al nivel de aquellos dirigentes, que mientras incendian microomnibus logran muy buenos convenios colectivos. El otro escenario, y mas probable, es ser desplazados por estos nuevos dirigentes que sin lugar a dudas van a imprimir otra dinamica a la lucha de los trabajadores.
Que es lo que dicta el realismo político mas básico? Hay que ponerse un poco colorado diciendo cosas que nadie les cree, brindando un apoyo simbolico y mediatico sin acompañamiento de recursos de poder reales, dejar que la presión escape de la olla y que la CUT recupere algo de su raído liderazgo y mantenga ocupado el lugar del “sindicalismo” en Chile. Luego, Cuevas va a poder seguir siendo señalado como un marginal radicalizado y la puja distributiva pendiente en Chile, todavía no va a encontrar cauces organicos para expresarse.
El gobierno hoy, gano un espacio en el casillero de la política a expensas de las reivindicaciones de los trabajadores.

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Todos contra el neoliberalismo
Patricio Navia
La Tercera, agosto 29, 2007

De todos los sospechosos que podrían haber apoyado el paro de hoy, el PS es el menos autorizado moralmente para darle un espaldarazo a una protesta contra el gobierno de Bachelet.

Ningún político quiere identificarse con el neoliberalismo. Después de 17 años de gobierno, la Concertación nunca ha reconocido su paternidad adoptiva sobre el modelo. Aunque tiene rostro humano y cambió de nombre a economía social de mercado, sus críticos correctamente señalan que Chile tiene una economía neoliberal. La Concertación lo usa para gobernar pero gana elecciones criticándolo. La Alianza espera que el electorado desaloje a la Concertación para llegar al poder a administrar el modelo.

Aunque Bachelet nombró un gabinete económico neoliberal (con rostro humano), no pierde oportunidad para criticar el modelo. Esa actitud es consistente con la decisión del PS de sumarse a las manifestaciones. Los socialistas protestan contra el modelo que ellos mismos han defendido—implícitamente, por conveniencia y por omisión. Tenemos un modelo neoliberal porque la Concertación ha optado por mantenerlo. Eso le ha hecho bien al país. Por eso, además, la Concertación sigue ganando elecciones.

Pero porque las críticas al neoliberalismo son crecientemente populares, el PS se suma. ¿Hay algo mejor que ser gobierno y oposición a la vez? Al sumarse a la manifestación, el PS se tiñe de populismo. No son los primeros. La Alianza inauguró esa práctica con Lavín. El PDC lo intenta sin éxito. Todos nuestros partidos políticos se han convertido al populismo.

Afortunadamente, el modelo neoliberal sigue firme. Mejorado por la Concertación, el modelo le ha dado a Chile sus mejores dos décadas de desarrollo. Tal vez al criticarlo, el PS podrá seguir en el poder (administrando el modelo.) Pero en la pendiente resbaladiza del populismo, los primeros en caer son los partidos políticos y los líderes que no se atreven a defender sus propias políticas.

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¿Señora de K, es usted abogada?

El gobierno
hizo un enorme esfuerzo por difundir el carácter de “señor” de Juan
Carlos Blumberg, en contraposición a su pretensión de ser “ingeniero”.
Que un político le cuente las costillas a otro es útil aunque siempre
hay que considerar que las acusaciones son interesadas. El problema con
este gobierno de chiflados en particular es que toda acusación que
lanza tiene relación con una característica propia exacerbada.

Hace meses que corre el rumor de que la señora que dice ser abogada
en realidad no lo es y haría muy bien en aclararlo. La duda la plantea
ahora Pablo Kleinman en Diario de América
a partir de una lucha ocurrida en la polémica Wikipedia cuyas
“verdades” más que ser universales y objetivas, están a merced de la
militancia. Es la consecuencia de creer que dependemos de encontrar “la
verdad” en lugar de aceptar que nuestra garantía está en el pluralismo
y en nuestro criterio.

Sería una buena cosa que muchos blogs repliquen la pregunta. No
habrá oportunidad de que la responda en una conferencia de prensa y
mucho menos de que se lo pregunten los bufones que tienen acceso a
ella. Si la repetimos en la red, capaz que nos muestra el título y nos
deja más tranquilos.

Estos blogs ya lo están preguntando:

The Forgotten Man

Imágenes y comentarios

En el medio

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Ojo con el mundo: El candado peruano

Domingo 19 de agosto de 2007    
Por Raúl Sohr / La Nación Domingo

Santiago es el que debe tomar la iniciativa frente a La Paz y Lima y, si es necesario, pagar alguno de los costos para superar el estancamiento con una alguna cuestión favorable a su interés nacional y el de los países vecinos. Los países, como las personas, tienen la estatura de sus desafíos.
 
Perú publicó hace una semana un mapa que deja constancia de sus reclamaciones marítimas. Chile, como era previsible, reaccionó con viva molestia ante las demandas en una zona sobre la cual ejerce soberanía. Lima sabía, por supuesto, que Santiago rechazaría de plano sus aspiraciones. Nada nuevo en todo esto. La esgrima diplomática entre ambos países es recurrente. Ella ocurre cada vez que los bolivianos están, o creen estar, cerca a una solución que les brinde una salida al océano Pacífico.

¿Hay novedades en esta coyuntura en las negociaciones chileno-bolivianas destinadas a acabar con la mediterraneidad de La Paz? Sí, definitivamente hay cambios, pues los dos países viven circunstancias especiales. Nunca antes las reivindicaciones bolivianas han sido consideradas con mayor seriedad y simpatía en Chile que en los últimos años. El Presidente Ricardo Lagos señaló que a ningún país le dedicó tanta atención como a Bolivia. Sus esfuerzos comenzaron con el ex dictador Hugo Banzer, elegido en un segundo período (1997-2001) y que murió en ejercicio de su mandato. Y continuaron con Jorge Quiroga, que cumplió con los dos años del mandato inconcluso de Banzer. Las conversaciones las retomó Gonzalo Sánchez de Lozada, que gobernó de 2002 a 2003, hasta que fue depuesto por una insurrección popular liderada por Evo Morales. A su caída asumió su vicepresidente, Carlos Mesa (2003-2005), que utilizó el tema marítimo para galvanizar la popularidad de su Gobierno. Finalmente, el Presidente Eduardo Rodríguez (2005-2006) logró un acercamiento con Chile. Pero Lagos, por más que lo intentó, nunca tuvo interlocutor con piso político para negociar un tema tan delicado para los bolivianos.

Fue sólo con la elección de la Presidenta Michelle Bachelet y Evo Morales, con un insólito 53% de la votación, que se abrió la posibilidad de explorar con seriedad una solución atractiva para ambos países. Dos mandatarios democráticos, con sólido respaldo político, son una constelación no vivida desde hace mucho entre ambos países. Los visos de éxito en las negociaciones inquietaron al Perú. El efecto concreto del reclamo de Lima es que dejaría sin mar a Bolivia en el caso que este país obtuviera una salida al norte de Arica. El Presidente Alan García, por su parte, no quiere fricciones con Chile, y por ello bajó el perfil a la publicación del mapa.

La exigencia peruana apunta a frustrar, una vez más, a Bolivia. Es claro que el único corredor posible con soberanía, como lo quieren los bolivianos es a través de territorios que Perú perdió, próximos a su frontera. Ningún Gobierno chileno en su sano juicio podría aceptar que el país fuese dividido por un corredor soberano de otro país. Semejante concesión requeriría una consulta popular, y hasta el político más obtuso puede vaticinar un notable rechazo.

El eterno triángulo de exclusiones chileno-boliviano-peruano vuelve a empantanar las perspectivas de desarrollo. Es una situación en que todos pierden. Perú juega el papel del perro del hortelano; para Bolivia es la continuidad de una situación desalentadora, y Chile pierde al no acceder a los recursos energéticos bolivianos y peruanos. Pero los tres países pagan el costo de oportunidad.

Este es el momento en que a Chile le corresponde tomar una iniciativa diplomática audaz y romper, de una vez, la dinámica negativa que ha dominado por décadas. Es necesario involucrar a Perú en las negociaciones, para encontrar una solución en que todos ganen algo. El mero entendimiento y la subsiguiente cooperación contribuirán al florecimiento del norte chileno, del deprimido y recién sacudido sur peruano, y de los muy necesitados departamentos bolivianos que miran al Pacífico. Antes que se multipliquen las recriminaciones, aumenten las fricciones y se instale una dinámica negativa es necesario actuar con imaginación y visión de siglo XXI, y abandonar reacciones mecánicas de soberanías decimonónicas. No es fácil, pero no hay alternativa si los países de la región aspiran a gravitar en la arena mundial.

Una región atrasada en lo cultural y pobre en lo material, donde impera la inequidad, tiene ya un panorama difícil. Si a ello se le suma la fragmentación, y los países gastan sus escasos recursos obstaculizándose o, peor aún, armándose uno contra el otro, es claro que las cosas terminarán mal. Chile es hoy el país más fuerte en todos los planos: el económico, el social, el político, el diplomático y el militar. Por lo tanto, es Santiago el que debe tomar la iniciativa y, si es necesario, pagar alguno de los costos para superar el estancamiento con una alguna cuestión favorable a su interés nacional y el de los países vecinos. Los países, como las personas, tienen la estatura de sus desafíos. LND

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Cállate, no discutas estupideces

(columna publicada originalmente en El Mostrador el dia 7 de Agosto del 2007)
   
por  Pablo Azócar  
 
El mar, el mar, el mar. Bolivia celebró ayer un nuevo aniversario de
su independencia y, como cada vez, el tema volvió a salir a la superficie.
Como un quiste. Y se lo podrá negar, o ningunear, o minimizar, o tergiversar,
o simplificar, pero volverá a irrumpir una y otra vez con forma de
edema. Y deberíamos agradecer que todavía no se haya convertido en
erupción y se nos venga como un tsunami.  
 
Porque ya es toda una tradición chilena la política del avestruz:
meter la cabeza debajo de la tierra y a aguantar el chaparrón de turno.
El asunto sólo reaparece cuando alguna autoridad boliviana o peruana
hace alguna declaración “inconveniente”, o cuando arrecia la crisis
energética. Pero después, como en otros temas, vuelve la inercia:
el tabú. Chile se ha convertido en el país de los tabúes, y el del
mar boliviano encabeza la lista. Por un lado, los musculosos de siempre
enarbolan a la primera la acusación de vendepatria o alguna delicadeza
por el estilo. Por otro, los diplomáticos te dicen que estas cosas
no se discuten por la prensa, y los políticos y especialistas en el
tema se callan en nombre de la prudencia y te sugieren que no está
el horno para bollos. Nunca está el horno para bollos.  
 
El discurso se ha repetido como una letanía durante años: “Chile
no tiene ningún problema territorial pendiente con Bolivia”; “los
límites fueron fijados en el Tratado de 1904”; “ofrecemos reanudar
relaciones diplomáticas aquí y ahora”; “es inexplicable la fijación
de Bolivia por el mar habiendo tantos otros temas constructivos de interés
común”, etcétera. Si Bolivia plantea el asunto en un foro internacional,
Chile arguye que es un tema bilateral. Si Bolivia intenta discutirlo
en forma bilateral, Chile dice que hay otras prioridades en la agenda.
Y toma coyoma.  
 
Y en esta danza de tautologías perfectas algún astuto hace alusión
a lo difícil de negociar por “la permanente inestabilidad institucional”
de Bolivia, y otro repite que no hay que preocuparse pues tal o cual
declaración de una autoridad boliviana es en realidad un discurso nacionalista
de consumo interno, y un tercero jura estar cien por ciento a favor
del mar para Bolivia, pero encogiendo los hombros añade que las encuestas
(como si no supiéramos a estas alturas lo manipulables que son las
encuestas) indican que la enorme mayoría de los chilenos se opone sencillamente
a que Bolivia tenga salida al mar. Punto. Y fuera. Es siempre el mismo
blindaje: cállate, no seas ingenuo, no discutas estupideces.  
 
Por primera vez en muchos años, sin embargo, hay señales de que algo
podría estar cambiando. Tal vez todo comienza con la buena relación
(personal más que política) que tienen Evo y Michelle. Tal vez. Y
el terreno parece propicio como nunca, por varias razones. (1) Porque
Chile está comprendiendo que en este asunto no se trata de ser dadivoso
ni buena onda, sino que es algo de primerísima importancia para sus
propios y mezquinos intereses. (2) Porque la famosa globalización conlleva
ineludiblemente estrategias de integración. (3) Porque por lo mismo
para Chile es crucial que a Bolivia, su vecino más inmediato, le vaya
bien. Y (4) porque la posición boliviana goza de creciente simpatía
en todos los foros internacionales y ya no resiste un día más la política
aislacionista de los chilenos, que en la región siguen siendo vistos
casi unánimemente como prepotentes y economicistas. En definitiva:
Chile podrá hacer todos los tratados que quiera para comprar y vender
ampolletas con Taiwán, pero a estas alturas ya sabe que no llegará
muy lejos si no piensa en acuerdos con sus propios vecinos.  
 
Ah, y el detallito, la guinda de la torta: además del agua que falta
en el norte chileno, Bolivia tiene todo, todo, todo el gas que Chile
necesita a gritos, en reservas sin explotar cuyas cantidades son exorbitantes.  
 
Este es el contexto en el que se realizará desde este jueves, en La
Paz, en el marco de las Fiestas Patrias bolivianas, el seminario “La
Diplomacia de los Pueblos”, organizado por la cancillería boliviana,
en conjunto (ojo) con la Comisión Europea. El tema central y casi único
de ese seminario es, vaya casualidad, “la relación bilateral con
Chile”. La agencia oficial boliviana de noticias, ABI, indicó este
domingo que “Bolivia y Chile han logrado en los últimos meses un
nivel de acercamiento que ha llegado hasta las cúpulas militares”.
Hay declaraciones e intercambios recientes y públicos entre los estamentos
castrenses de ambos países que apuntan en esa dirección, incluyendo
paseítos muy románticos en bote por el Titicaca.  
 
En el último tiempo, además, se han sucedido los encuentros interministeriales,
parlamentarios, empresariales, culturales y de organizaciones no gubernamentales.
Se dice que Evo y Michelle conversan todas las semanas sobre el tema,
que están aplicando una agenda consensuada, con fechas e itinerario
establecido. Se dice que la fórmula que se baraja es la de un corredor
al norte de Arica que le permitiría una salida al Pacífico a Bolivia.
Y Perú está informado. Sin ir más lejos, la semana pasada el Presidente
Alan García declaró que su gobierno “no sería un obstáculo”
ante un eventual acuerdo entre Chile y Bolivia, y el jueves pasado una
delegación chilena encabezada por el ex embajador Juan Pablo Lira se
reunió con el canciller peruano, José García Belaúnde, a sólo horas
de la visita a Lima de Evo Morales.  
 
Hay vértigo en el aire. El viernes el cónsul de Bolivia en Santiago,
Roberto Finot, llamó a una conferencia de prensa y habló con entusiasmo
sobre el “inminente” acuerdo con Chile. El mismo día el canciller
subrogante chileno, Alberto van Klaveren, le puso el freno: aclaró
que Finot no ha participado en las conversaciones oficiales, que sus
dichos no corresponden al estado real de avance de las negociaciones
y que no son más que “una expresión legítima de deseos”. El domingo
Finot contraatacó: declaró que hablaba respaldado por su gobierno,
que la posición boliviana está “potenciada al haberse constituido
en proveedor natural de energía del Cono Sur” y que “estando la
negociación ya en este nivel, lo único que resta es la decisión política”.
Eso sí: ayer por la tarde se informó que Bolivia removió a Finot,
o sea que le quitó el piso, aunque Evo dijo que Bolivia tendría “pronto”
una salida al mar y la pelota está picando.  
 
La impaciencia boliviana es comprensible. En este clima de entendimientos,
tal vez el problema mayor sean los plazos: los tiempos diplomáticos,
se sabe, no son iguales que los tiempos del resto de los mortales. Se
aproximan las turbulencias de los períodos electorales. Y el gobierno
chileno se ha llenado de navajazos intestinos y ajustes de cuentas y,
en vez de estar bailando a toda orquesta, actúa con espíritu de apocalipsis,
de cuenta regresiva, de sálvese quien pueda, como si ya no quedara
nada, como si el mundo se fuera terminar.  
 
Pablo Azócar. Periodista y escritor

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Excelente resúmen de las premisas de algunos economistas y su rotundo desmentido por parte de la realidad. Publicado por Foreign Policy.
Estas ideas han guiado el consenso neoliberal (crf. consenso de washington) hacia latinoamerica desde los años 90.

Hoy, en la región hay varios intentos de buscar caminos alternativos. Algunos serán sin duda peores que las recetas neoliberales, pero hay varios que estan funcionando mas allá de todo pronostico.

Veamos

The List: Five Lies My Economist Told Me

Posted July 2007


Economics prides itself on being the most scientific of the social sciences. Yet the X and Y axes can’t always capture globalization’s unpredictable turns. In this week’s List, FP looks at five ways in which the world economy is pushing economists to think outside the box.

SAJJAD HUSSAIN/AFP/Getty Images

High productivity and low unemployment make us all better off

The orthodoxy: Economic theory does not guarantee that wages will reflect productivity in
absolute terms, but most economists think that productivity-spurred growth will eventually increase everyone’s pie. Northwestern University
economics professor Robert J. Gordon characterizes this view as, “productivity is the seed that creates the flower of a nation’s standard of living.”

Heretical facts:
Despite six years of sustained growth, with unemployment averaging around 5 percent, the median U.S. worker is not faring well. Since 2001, middle-class Americans have seen their pay drop by 4 percent, although labor productivity went up by 15 percent during the same period.

Moral: Economists are still scratching their heads. Some labor economists point an accusatory finger at immigration. More of the foreign newcomers now hold advanced
degrees, these economists argue, and native white-collar workers are no longer safe from cheap competition. Other economists point out that since China, India, and Russia joined the free market, the global supply of labor, including engineers and scientists, has quadrupled, pushing down wages. On the other side of the argument, the Peterson
Institute for International Economics points out that globalization yields the United States around $1 trillion annually—or roughly $9,000 per year for every American household. Globalization skeptics, however, say that money is not making it into people’s pockets. 


STR/AFP/Getty Images

It’s hard to grow without good banks and private property

The orthodoxy: Economic growth requires a functioning banking system, solid property rights, and minimal state interference in the economy.

Heretical facts:
One word: China. The gross domestic product of this Asian giant has increased sixfold between 1984 and 2004, with a stunning average growth of roughly 9 percent since 2005. Yet only in 2007 did the protection of private property acquire equal footing in Chinese property law. Moreover, experts still deem China’s banking system to be shaky despite a major overhaul that started in 2002. Harvard political economist Regina Abrami observes that the state has played a key role in the economic takeoff of the Chinese dragon. China’s township and village-owned enterprises—a curious mix of private initiative and government incentives—were for years at the heart of the country’s economic renaissance. And despite limited access to bank credit, China’s private sector has also thrived.

Moral: Growth happens—even when the market institutions that economists deem
essential are not fully in place. Will China’s growth last? Nobody knows for sure, but many analysts have been arguing for some time that—as World Bank economic advisor Harry Broadman puts it—“the chickens could come home to roost, especially in the unreformed large, backbone, state-owned enterprises and banks,” precisely because of
weaknesses in China’s underlying market institutions. For Broadman, the large scale of China’s internal market has been a key factor that has allowed the economy to prosper despite “fuzzy property rights.”


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Capital must always be let free to flow

The orthodoxy: It
keeps changing. Under the global financial architecture put in place soon after World War II, governments and multilateral institutions were
to put some checks on where the money was going. But by the late 1950s, advocates of unfettered capital mobility were winning the argument, and
under the so-called “Washington Consensus,” the U.S. Treasury Department and the International Monetary Fund recommended that developing countries lift restrictions over international movements of money.

Heretical facts: The Asian financial crisis. Starting in 1996, overvalued real estate prices
collapsed in Thailand, spurring a devaluation of the Thai currency. Soon enough, the contagion spread to nearby Malaysia, Indonesia, and South Korea. Capital flight triggered painful recessions in most of East Asia. Only China and Taiwan, which had maintained tight capital controls, weathered the crisis unscathed. Malaysia split the difference by introducing capital controls in 1998, a last-minute attempt to avoid
the worst.

Moral: Even though the jury is still out over the success of the Malaysian experiment, the Asian financial crisis was like a cold shower for enthusiasts of free capital mobility. Most economists now agree that letting the money flow is good, but only when the proper institutions and regulations are in place.


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The euro will never work

The orthodoxy: When, in 1992, 12 European heads of state gathered in Maastricht, the Netherlands, to announce the coming of a unified European currency,
more than a few economists scorned them. History, wrote Nobel Prize winner Milton Friedman in the Wall Street Journal in 1995, had repeatedly shown that fixed exchange rates are simply a bad idea
for “a group of large countries with independent political systems and independent national politics.”

Heretical facts:
In January 2002, the euro made its entrance on the world stage and into the wallets of the citizens of 13 European countries. Five years later, it is still alive and healthy—stronger than the U.S. dollar, in fact. And despite grumbling from countries like Italy, where policymakers wish they could still boost exports by devaluing the old lira, nobody is seriously considering going back to single national currencies.

Moral:
In a sense, the critics were right. One size does not fit all, and Europeans keep quarreling about where their centralized monetary policy should go. But the critics also missed the point. As Harvard political economist Rawi Abdelal explains, “The euro was not an economically motivated enterprise; its reasons to be were and are mostly political.”


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Japan—no wait, China—is going to take over the world economy

The orthodoxy: Japan’s rise heralded the United States’ decline. In the mid-1980s, many economists looked at the Japanese economy—with its current account surplus, rising exports led by heavy car sales, and strong currency—and predicted dire consequences for Uncle Sam. Western analysts fretted over the United States’ ever-widening current account imbalance, decried the laziness of the U.S. worker, and lauded the efficient work ethic of the Japanese.

Heretical facts: As of 2007, the United States is still the greatest capitalist economy in the world, with a gross domestic product roughly three times as big as that of Japan, the world’s second largest economy. True, Japan’s car industry is still a rising star: Toyota briefly overtook General Motors a few months ago as the world’s largest automaker. Yet, as Newsweek columnist Fareed Zakaria put it, the Japanese “ran into a brick wall.” After more than 15 years of economic stagnation, repeated currency deflations, and record-high unemployment, the Japanese economy is just now coming out of the doldrums.

Moral: A rising tide lifts all boats. If Japan didn’t put Uncle Sam out of business,
maybe China won’t, either. Martin Baily, a senior fellow at the Peterson Institute for International Economics, notes that for every Chinese worker, there is also a Chinese consumer joining the international market. What’s more, as Chinese salaries inevitably rise, it will become harder for Chinese companies to undercut the competition.

owered by ScribeFire.

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